Venancio Rosso era el padre de Susana, mi directora de tesis doctoral.
Susana no sólo fue mi guía y apoyo incondicional mientras realizaba mi formación académica, sino que además se convirtió en amiga, consejera, una madre más. A lo largo de los años, Susana y Toto, su compañero de vida, me inculcaron valores y principios más allá de lo académico, promoviendo siempre mi desarrollo personal puertas afuera del laboratorio. Gran parte de lo que soy se los debo a ellos. Susana y Toto

Así, en una de las tantas charlas en su casa disfrutando de las exquisiteces con las que Susana sabe agasajar a los invitados, fue que me enteré de las anécdotas de su padre. Ahí descubrí mi origen genético indirecto con esta travesía por el continente Americano: Venancio también había soñado por mucho tiempo con llegar desde Argentina hasta Alaska. Su medio de transporte era otro: un Fiat 1500. El anhelo, el mismo que el mío…cruzar las Américas de punta a punta.

Junto con su esposa, Angela, recorrieron miles de kilómetros desde Córdoba hasta California para visitar a Susana y Toto, que se encontraban trabajando en Berkeley. Corría el año 1972…

Esta travesía generó innumerables historias, de las que pude ser testigo gracias a los relatos de Susana y Toto. Lamentablemente, Venancio no llegó a alcanzar Alaska y su sueño quedó inconcluso.

Cuando me enteré de esto, hace ya unos años, le prometí a Susana: yo voy a hacer el viaje de Alaska hasta Ushuaia en bici en honor a tu viejo…y ahí vamos!!!

En otro medio de transporte, con otras circunstancias pero con el mismo espíritu, a 100 años de su nacimiento, el sueño de Venancio, de la mano del mío, comienza a hacerse realidad!

Venancio y su Fiat 1500


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